Pasión por vivir México



Genoveva Casanova

Por Jorge Eduardo Morales / Fotos Luis García

Personaje con estilo

Un día antes de la presentación de su exposición fotográfica No Blink en el Museo Soumaya de la Ciudad de México, Genoveva Casanova comparte con nosotros su experiencia como voluntaria en misiones humanitarias a través de fotografías que retratan sus experiencias durante los últimos diez años.

La mexicana Genoveva Casanova fue el centro de atención de las publicaciones rosas durante la primera década del siglo XXI. Su enlace matrimonial con Cayetano Martínez de Irujo (hijo de la Duquesa de Alba) y su posterior separación –un par de años después– la colocó bajo los reflectores de la prensa internacional, sobre todo la española y, por supuesto, la mexicana.

Hoy, su vida es otra. Alejada de los asuntos Reales y los títulos nobiliarios, con dos hermosos hijos, un nueva pareja y una familia más que establecida en Madrid (lleva quince años fuera de México), Genoveva ha dedicado los últimos años a temas relacionados con la asistencia humanitaria. Consciente del grave problema que la guerra y la pobreza trae a las regiones más precarias del orbe, Genoveva ha viajado por todo el mundo, aportando su granito de arena para contribuir en la recuperación de estas zonas afectadas por el hambre y la necesidad. Durante estos viajes humanitarios, con su cámara fotográfica en la mano, ha reunido una enorme colección de imágenes que capturan instantes tan emotivos como desgarradores, tan esperanzadores como impactantes, logrando una colección invaluable que retrata una angustiosa, pero inocultable realidad.

Para generar recursos que sirvan para apoyar su causa, Genoveva decidió, hace algún tiempo, comenzar a exponer estas fotografías para su venta, logrando un gran éxito en locaciones tan diversas como Madrid, Valencia y Nueva Delhi. Hace un par de semanas, Genoveva presentó (por primera vez en México) su exposición No Blink en el Museo Soumaya, con 30 imágenes de esta colección de más de 150 fotografías, con la intención de ayudar a la Fundación Na’Amaat A.C., un movimiento de mujeres voluntarias a favor de la educación en México.

Fue así que nos reunimos con Genoveva, quien estuvo de visita en México para este fin, en la relajada y tranquila locación que es el jardín del Four Seasons de la Ciudad de México, un día antes de su exposición:

Cuéntame de la exposición No Blink.

La intención es contar las historias de las personas que he ido conociendo a lo largo de diez años de múltiples misiones humanitarias. No Blink nació como una iniciativa benéfica en Madrid, hace un par de años. Hay una ONG que se dedica a ayudar a refugiados y migrantes, con la que empecé a colaborar y con ellos inicié este proyecto que comenzó a crecer, poco a poco y he tenido opiniones muy favorables. Ya se llevó a varias ciudades de España. Estuvo en India hace muy poco tiempo. Ahí, estuvo presente Raghu Rai, un fotógrafo muy conocido al que le tengo especial cariño y quien me dio unas buenas lecciones.

¿Cómo surgió este archivo fotográfico? ¿Tenías el plan de exponer?

No. Me gusta la fotografía, desde hace muchos años. En un viaje a Kenia, visitando comunidades masai, me di cuenta de que me gusta la poesía visual. Empecé a estudiar y, a lo largo de mis viajes humanitarios, siempre cargo mi cámara y he ido haciendo fotografías de momentos muy especiales, en los que las historias de la gente y las circunstancias en las que viven, su sufrimiento, me marcan mucho.

¿Cuándo comenzó esta labor humanitaria?

Hace 18 años, cuando todavía estaba en México, estaba muy en boga el tema de los indígenas en Chiapas. Era un momento importante, nacional e internacionalmente, a un nivel de conciencia real de la situación que viven los indígenas en el mundo. Ahí, creo que todos empezamos a voltear a ver ese tema. Me uní a la primera marcha por la paz (caminamos del Ángel al Zócalo, vestidos de blanco y en silencio). Fue entonces cuando conocí ese compromiso social, ese sentimiento de justicia. Ahí me nació la necesidad. Mi primera misión humanitaria fue a Oaxaca, ayudando a una comunidad mixe con el apoyo de la Fundación Xquenda, con una escuela donde les dan educación básica y los preparan como músicos profesionales. Es precioso ver que una escuela que no tiene para pagarle a sus profesores, asegura la educación de sus alumnos por dos años, por decir algo; o que, los alumnos tengan instalaciones dignas y un fondo de becas.

No Blink está dedicado a la Fundación Na’Amaat y es muy especial, porque mi primer poyecto en México estuvo dedicado a la educación y, hoy, después de tantos años vuelvo con un proyecto similar.

Lee la entrevista completa en nuestra edición en línea: Estilo México.

"Quiero que la gente sienta la maravillosa experiencia de la ayuda humanitaria. Hay muchísimo por hacer y cada quien puede ayudar, poco o mucho".

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