Pasión por vivir México



Familia Salas: Ricardo, Matteo y Luca

Por Jorge Eduardo Morales, Wendy Plata / Fotos Luis García y cortesía

​Ricardo Salas

Con una trayectoria académica y profesional admirable, merecedor de numerosos reconocimientos en el campo gráfico, Ricardo Salas es un distinguido catedrático en el área editorial, Director de la Escuela de Diseño de la Universidad Anáhuac de la Ciudad de México; y Director General del estudio de diseño Frontespizio, entre otros plausibles proyectos. Esposo de la diseñadora Tullia Bassani Antivari y padre de Matteo y Luca, hoy, Ricardo nos habla de su proyecto más importante: su familia.

¿Qué te hace sentir orgulloso de tus hijos?

Que los dos han demostrado ser totalmente independientes es un orgullo muy importante. Y es uno de los factores que hacen revivir todo lo que uno ha trabajado por el camino de ellos; más que crecer un ser humano, educarlos, estar con ellos, participar, viajar, enseñarles y vivir la parte cotidiana, pero jamás dejar de pensar que todo lo que dimos —y lo hablo en plural porque lo comparto con Tullia, mi esposa—, esa parte de compartir la vida lo mejor posible para que ellos pudieran sacar su carácter propio. Y me siento muy orgulloso de los dos, y que sean hermanos de lazos fuertes.

¿Qué les reconoces profesionalmente?

Matteo ha evolucionado mucho en expresar lo que él siente, y lo produce, lo trabaja, lo ejercita, que eso es fenomenal; y las horas de experiencia lo han hecho sacar su propio carácter, que es lo más difícil. Admiro mucho de Matteo esa perseverancia que tiene sobre su quehacer. Porque les hemos inculcado la pasión a las cosas. 

En el caso de Luca, es desbordante la creatividad que tiene, sorprende en el sentido de cada momento que él tiene para realizar un proyecto, lo analiza, lo trabaja, le da vueltas —como debe de ser—, no se queda solamente en la primera idea; y lo sorprendente es cuando finalmente te entrega el proyecto, como nos pasó en un proyecto que le pedí que me ayudara el resultado fue magnífico, increíble. 

¿Cuáles fueron las pautas que les marcaste cuando se iniciaron en la vida profesional?

Son varias cosas, desde la selección de la correcta universidad, porque eso te lleva a una garantía de una buena metodología de trabajo disciplinada sin dejar la parte creativa. Procuramos, desde que nacieron Luca y Matteo, encaminarlos, tal vez te equivocas, seguramente, pero hay tiempo para corregirlo, y así lo hicimos. Y el punto más importante es cuando ellos dieron el salto universitario, y que hoy orgullosamente me veo con estos dos hijos que son unos portentos. 

¿Este núcleo que tienen de arte y diseño, fue inducido o construido en el día a día?

Esto se da en las dos familias. La madre de Tullia era artista, Tullia tiene una vena artística muy profunda con estudios muy sólidos; y de parte de mi familia también, y los dos amamos mucho el arte, estamos muy atentos siempre en la estética como forma, porque si una forma tiene armonía, eso te transmite también armonía en todo, en el estar, en el compañerismo, en dialogar, en participar. Y siempre estuvimos rodeados de arte, ellos convivieron con arte en su día a día, y Luca y Matteo lo han sabido atesorar a su manera.

¿Qué es lo que has aprendido de ellos? 

Ser paciente. No en la parte negativa, es porque yo soy demasiado veloz, muy inquieto y las cosas me gusta que se haga ya. Y con Matteo y Luca he aprendido a retomar estos tiempos, a ser más tranquilo, a respetar los tiempos ajenos. Y recordarte de la juventud, que es trabajo-error-aprendes y vuelves a hacerlo. Y de los dos lo he aprendido de formas diferentes, y es curioso, porque me veo en ellos, hace treinta años, y lo están haciendo mejor que yo.

“Ha habido muchísimos momentos bellísimos en nuestras vidas”, Ricardo Salas.

Luca Salas

El menor de los Salas, ahora basado en la Ciudad de México, es un prometedor arquitecto por la Gerrit Rietveld Academie de Holanda y el Laboratorio Luce Politécnico de Milán; especializado en el diseño de iluminación, Luca abrió un estudio en Milán para explorar el mundo de la luz y la arquitectura con pequeñas instalaciones y exposiciones.

¿Qué valores profesionales retomas de tu papá?

El cariño a lo que uno hace, el apasionarse. El amor por el trabajo. Estoy muy contento con mi profesión, sé que puedo trabajar todos los días y no aburrirme. También la estética es una parte muy importante, y el respeto a cada punto de vista.

¿Cuál fue su opinión cuando elegiste profesión?

Le dio gusto. Yo estaba entre teatro y arquitectura. Cuando me decidí a ser arquitecto yo creo que se emocionó, porque en cierta manera él trabaja el espacio, en plano, en gráfico, y es interesante encontrarnos en ese tema.

¿Qué importancia ha tenido haber nacido en una familia envuelta en el diseño?

La relevancia es que nos inculcaron un amor al arte muy importante. En ver el arte no nada más en el museo, sino el arte en lo cotidiano, y saber apreciarlo y también saber criticarlo, el arte involucra esa critica, esa pasión, y tiene mucho de comunicación.

¿Qué más le aprendiste a tu padre?

El gusto a la comida. A comer y a preparar de comer.

Y en este gusto por la cocina, ¿qué opinas de tu hermano?

Estoy muy orgulloso como hermano. Ver cómo se expresa, que busca sus propios medios de comunicación de lo que a él le gusta, eso me fascina de mi hermano, me da mucha motivación para yo también poder comunicar lo que me interesa.

¿Y qué te enorgullece de tu papá?

Me enorgullece su amor a la familia, cómo ha dedicado su tiempo, aunque es un amante de su trabajo, nunca ha dejado el amor a su esposa. Eso me gusta mucho, que la tiene muy presente. Siento que el cariño que le ha dado a su esposa, a mí me ha hecho crecer en muchas cosas, a entender el respeto a otra persona.

¿Qué momento cotidiano recuerdas con tu papá?

Regar el jardín. El tomarse su tiempo para que regáramos el jardín. Y cada vez que riego mis plantas, pienso en mi papá, en todo el tiempo que le pone a una sola planta.

Matteo Salas

Matteo es hijo de Ricardo y hermano de Luca; y eligió como profesión la cocina. Hoy es chef del restaurante Áperi, ubicado en el Hotel Dos Casas, en San Miguel de Allende y, recientemente, inauguró un nuevo restaurante –también en San Miguel–: Jacinto 1930. Matteo participó recientemente en el reality show Top Chef México y hoy es una de las jóvenes promesas del sector gastronómico en México. 

¿Qué valores te inculcó tu papá?

Desde muy joven, crecimos en un núcleo familiar muy apegado al diseño, a los espacios, a la comida. Todo se conjugaba en una cosa: el placer por vivir. La comida era el centro de todo, había un enfoque en la estética de la presentación. Mis papás son diseñadores, pero también son grandes cocineros de vida. Ahí agarré pasión por la estética y yo la traduzco en la cocina.

Entonces no se sorprendieron cuando les dijiste que querías ser cocinero.

No, fue algo que me inculcaron desde joven. Mi papá siempre me dijo que ser chef era una de las carreras que a él le hubiera gustado estudiar.

¿De qué manera esta influencia del diseño y lo visual ha impactado en tu trabajo?

Todo lo que he aprendido de ellos en el tema de estética, modales, etc. me ha servido mucho. También, el aprender a meter objetos especiales en la mesa, como un salero o una jarra, o un pequeño florero; o una iluminación adecuada para arreglar una mesa. El arte en la mesa.

¿Qué importancia tuvo para ti en tu desarrollo profesional?

De la familia vienen los valores e ideales a los cuales sigo siendo muy fiel. Tanto mi papá como mi mamá son ejemplos de vida. Los admiro mucho como profesionistas. Son fuente de inspiración.

¿Y a tu hermano Luca, lo admiras?

Lo bonito que pasa con mi hermano es que hemos conjugado un proyecto nuevo que se llama Jacinto 1930 en San Miguel de Allende. Él hizo todo el diseño de iluminación y lámparas. Luca se está enfocando en un nicho del diseño que no está muy abarcado y que apenas empieza a oírse. Es de los pioneros en México. Estoy muy orgulloso de él; es otro ejemplo a seguir. En mi familia siempre hay un brainstorm para compartir ideas. Siempre nos hemos apoyado unos a otros. Tenemos caminos separados, pero paralelos. Eso es lo bonito.

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